“El Año Berlanga debe funcionar como un elemento dinamizador para el sector audiovisual valenciano”

ROSANA PASTOR
COMISIONADA DEL AÑO BERLANGA

La actriz y directora Rosana Pastor fue elegida comisionada para el Año Berlanga el pasado mes de febrero. En Berlanga Film Museum repasamos los principales objetivos y las iniciativas a desarrollar, a los que se suma la firme intención de Pastor de que la reivindicación de la figura del cineasta vaya más allá de lo conmemorativo: “el Año Berlanga no debería pasar por nosotros como el Espíritu Santo, sin dejar rastro”.

¿Cuál es, en líneas generales, su labor como comisionada?

Mi tarea pasa por coordinar todas las propuestas que vayan saliendo o que ya hayan salido, porque algunas ya están encima de la mesa tanto desde las diferentes administraciones como desde instituciones privadas. Se trata, pues, de establecer sinergias entre todas las actividades que puedan ser propuestas y, al mismo tiempo, también, hacer aportaciones, dar ideas de cómo se puede, de alguna manera, sustanciar este Año Berlanga. Afortunadamente, ya había algunas iniciativas tomadas por las diferentes administraciones y lo que estoy intentando es ponerlas en marcha, darles el empujón que necesitan y, sobre todo, y esta es una de las cosas que me resulta más estimulante, poner en contacto a personas y/o instituciones que tienen una idea sobre cómo homenajear Berlanga con las fuentes de recursos que las pueden hacer posibles. En resumen, el trabajo consiste en coordinar, crear sinergias e impulsar proyectos que ya estaban hechos, además de llevar una pequeña cartera de iniciativas a desarrollar.

¿Cuáles son los retos principales que hay que afrontar?

Desde el primer momento he manifestado que mi intención como comisionada era abrir este año conmemorativo, que no se quedará sólo o bien en el ámbito cinematográfico, o bien en el académico, sino que la ciudadanía en general tuviera constancia de que se está celebrando la figura de Berlanga, que los que ya la conocen tuvieran una aproximación diferente a la vida y la obra del cineasta, que pudieran reforzar ese vínculo, y que los que no la conocen puedan entrar dentro del universo del director valenciano. ¿A mí que me gustaría? Que el año no se quedara en los ámbitos habituales, restringidos, sino que fuera una fiesta de la que participara todo el mundo y en todos los lugares; es decir, me gustaría que no fuera una fiesta capitalina, sino que fuera una fiesta que llegara a todos los pueblos, que llegaran las películas, que llegara el eco de lo que representa un director como Berlanga, que ha sido capaz de traspasar nuestras fronteras y convertirse en un cineasta universal, hablando, en muchos casos, desde una perspectiva muy arraigada a la idiosincrasia valenciana, tanto en cuanto al carácter como con respecto a diferentes rasgos iconográficos.

¿Qué se puede hacer, entonces, para acercar la figura de Berlanga al mayor número de ciudadanos posible?

En la línea de la argumentación anterior, creo que la celebración debe estar en la calle. Desgraciadamente, el Año Berlanga llega en un momento en el que las condiciones sanitarias nos permiten muy poca vida en el exterior. Una parte de las aportaciones que he hecho hasta ahora consiste en crear una comunicación exterior con elementos visuales que susciten interés por la figura de Berlanga entre la gente que sale a pasear. La idea es que esto les introduzca en el universo berlanguiano y los lleve a estar atentos cuando en televisión se programe una de sus películas o, a los que tienen más inquietudes cinematográficas, a reparar en el ciclo que prepara la Filmoteca, por ejemplo. A mí me gustaría que el año estuviera en la calle, pero debemos tener en cuenta que la batería de propuestas iniciales con la que yo llegue está, de alguna manera, retenida porque, hoy por hoy, es muy difícil llevar a cabo iniciativas que tengan una repercusión social en las calles.

Aunque en 2021 es el Año Berlanga, las actividades no han comenzado hasta el mes de marzo, principalmente debido a la Covid-19. Teniendo en cuenta que los Goya serán en Valencia en 2022, ¿se plantea alargar la conmemoración?

Es cierto que las Corts declaran el 2021 como Año Berlanga, pero debemos tener en cuenta que la primera actividad que tiene lugar dentro de este año es la exposición del MuVIM que se inauguró el 4 de marzo. Una de las cuestiones que hay que plantearse cuando podamos constituir formalmente la comisión conmemorativa, que está nombrada pero que por cuestiones sanitarias no se ha podido constituir, es pedir que ese año decretado por las Corts Valencianes se pueda prorrogar por lo menos, medio año más, en la línea de lo que está haciendo el Ministerio. Está claro que, como mínimo, debe llegar hasta marzo porque dentro del Año Berlanga debe estar la celebración de los Goya. Pero, hoy por hoy, en el mes de abril, y teniendo en cuenta que las restricciones sanitarias siguen teniendo una gran presencia en nuestras vidas, me inclino a pensar que, como mínimo, el Año Berlanga se extenderá hasta julio del año próximo.

Y una vez terminen las celebraciones, ¿qué?

Esa es, para mí, una cuestión fundamental, el Año Berlanga no debería pasar por nosotros como el Espíritu Santo, sin dejar rastro. Creo que tiene que funcionar como un elemento dinamizador para el sector audiovisual y esa es la voluntad que hay detrás de las propuestas que hago llegar a las diferentes administraciones. El sector audiovisual valenciano siempre está necesitando un impulso que lo haga ir más allá de una temporada o de una hornada de películas. Tenemos pendiente la consolidación de la industria y sería muy importante que este año sirviera para dinamizarla y para ello tenemos que aprovechar los elementos que tenemos a nuestro alcance, como pueda ser la celebración de los Goya en Valencia. Creo que la revisión de la figura de Berlanga nos debería llevar a una reflexión sobre cineastas que, en nuestra Comunitat, siguen su estela. En nuestra tierra hay una forma de expresión muy instalada y es que, normalmente, construimos con elementos foráneos y cuando esto desaparece, aquí no queda nada. El Año Berlanga debería servir para aprender a construir un imaginario propio. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que cuando miramos a los cineastas en la estela de Berlanga, que cuando hablamos de los herederos o las herederas de Berlanga, miremos hacia nuestra cinematografía, porque sólo referenciando algunas figuras propias seremos capaces de crear un sustrato y hacer que arraigue nuestra industria audiovisual, esa que hasta ahora no hemos sabido consolidar. Así pues, debemos tener en cuenta a la hora de programar eventos esta cuestión, la de no referenciar únicamente elementos foráneos, sino mirar hacia dentro.

También estamos trabajando en que el Año Berlanga tenga ramas en otros espacios diferentes al audiovisual. De hecho, hay una iniciativa para que tenga un desarrollo en el terreno educativo y otra relacionada con el turismo. Tengo interés, por ejemplo, en que se pueda desarrollar una ruta gastronómica o bien algún tipo de iniciativa relacionada con la gastronomía, que también estaba muy presente en el cine de Berlanga. Se trata de ser conscientes de que este año de pandemia que estamos viviendo ha tocado a muchos sectores, sectores que son importantes en la vida de todas y todos, y sería deseable que ellos también pudieran encontrar en el Año Berlanga un efecto dinamizador o, como ya he dicho en alguna otra ocasión, un revulsivo que ayude en la reconstrucción que comenzará en el período post-pandemia.

Dejando a un lado los temas institucionales, ¿qué representa la figura de Berlanga para una actriz y directora como usted?

Películas como El verdugo (1963), Bienvenido Mister Marshall (1953) o Plácido (1961) forman parte de mi imaginario personal. Son títulos con los que algunos de nosotros hemos crecido, que nos han ayudado a diseccionar la realidad inmediata y nos han dado elementos que nos han servido para reconocer algunos rasgos propios de los valencianos, pero también de nuestro funcionamiento a nivel estatal. Berlanga tiene la capacidad para, de una manera lúdica, llegar a un inconsciente que está muy arraigado dentro de cada uno de nosotros, porque apela a cuestiones que hemos vivido. Para mí, esto es algo muy significativo de su cine, como de manera a veces muy llana y otras muy sutil, apela a un imaginario muy reconocible por parte de su espectador.

Me gusta, también, esa capacidad de reír, incluso de uno mismo, y de hacer crítica social de una manera aparentemente muy ligera, que, en realidad, es, como dirían los ingleses, una crítica muy sharp (afilada), que es un adjetivo que utilizo mucho para hablar de lo que, en un ámbito completamente diferente, hace Ken Loach, un director que también disecciona la sociedad de su tiempo. Ahora bien, Berlanga lo hace desde una perspectiva diferente, desde una perspectiva muy lúdica, gamberra, coral… La de Luis García Berlanga es una aproximación a la crítica social intransferible. Todas estas cuestiones también me hacen interrogarme sobre cómo, este hombre, tuvo una inteligencia tan fina evidentemente contando con el apoyo de sus colaboradores y colaboradoras para hacer crítica social y, al mismo tiempo, sortear la censura de aquel tiempo. Me llama la atención como mujer de cine y como ciudadana no puedo hacer distinciones cómo una película como El verdugo, un clarísimo alegato contra la pena de muerte, consiguió ser exhibida en momentos en los que el país estaba aplastado por la mano represora del franquismo.

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