“Berlanga era un disidente”

MIGUEL ÁNGEL VILLENA
(segunda parte de la entrevista)

Segunda entrega de la entrevista con el autor de ‘Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente’, la última biografía sobre el cineasta valenciano publicada por la editorial Tusquets.

Es común en la bibliografía sobre Berlanga encontrar poquísimas referencias a la familia. ¿Le sorprendió?

Me sorprendió mucho. De hecho, en el libro de Manuel Hidalgo y de Juan A. Hernández Les (El último austrohúngaro: conversaciones con Berlanga) yo esperaba encontrar, dado que visitaron la casa de Berlanga en repetidas ocasiones con el fin de entrevistarse con él, referencias a cuestiones familiares y demás. Lo que te encuentras es con una ausencia total de la figura paterna, con una madre autoritaria y de un carácter muy fuerte y con que Luis García Berlanga es el hijo pequeño y que hay una sobreprotección hacia él, aunque es cierto que es a lo que le piden que se vaya a Rusia a pegar tiros para salvar al padre de su condena, tal vez también porque era el que estaba en edad militar. Lo que también llamó mi atención es que de su mujer tampoco habla y, sin embargo, en sus memorias te cuenta relaciones insignificantes que tuvo hasta que se casó a los 31 años, que es digamos una edad avanzada para aquella época. Es decir, relata asuntos con novias o rollos que tuvo hasta la boda, mujeres que vivían cuando las memorias fueron publicadas, lo que supone un contraste muy marcado entre el silencio que guarda con respecto a lo familiar y la facilidad con la cuenta todos estos hechos amorosos. En el fondo, era alguien muy convencional, muy de la antigua escuela, también debemos tener en cuenta que nació en 1921 y que creo que era un comodón, un bon vivant, un burgués a la antigua. Es más, en parte, pudo hacer el cine que hizo porque tenía un soporte económico, tenía un apoyo familiar detrás y una buena posición. Pero, en definitiva, a medida que iba leyendo bibliografía sobre él me sorprendió, primero, no hallar referencias a su padre, del que prácticamente ni habla, y después que de sus hijos sólo lo haga cuando son grandes o cuando mueren.

Pensemos que es alguien que es capaz de contar que la primera relación íntima que tuvo fue con una prostituta en Barcelona cuando fue a ver un partido del Valencia y que, al mismo tiempo, no hace referencia en sus memorias a la muerte de su padre mientras él está rodando Bienvenido Mister Marshall (1953). Es más, su madre fallece cuando él está filmando Tamaño natural (1974) y yo no he podido averiguar, dado que él estaba en París, si volvió el entierro o no, él nunca lo dijo y creo que sería un hecho que, de ser nuestras memorias, todos comentaríamos, por mucho que la relación con tus padres sea mala. Es, de nuevo, otra de sus múltiples contradicciones.

Todas estas cuestiones familiares, de alguna manera, también están presentes en su filmografía, muy crítica con instituciones como el matrimonio o la iglesia. ¿Cuál cree que es el gran tema de Berlanga?

La miga de sus películas, más allá de las cuestiones sociales y políticas, está en la lucha del individuo contra las normas sociales y las convenciones, lucha que, al final, el individuo siempre acaba perdiendo. Y cuando hablamos de la sociedad hablamos desde la institución matrimonial y la familia, con las que él es muy crítico y las ve como el primer corsé social, hasta la política, la constitución del estado, la economía, la iglesia, etcétera. De todas formas, y esto es algo que se observa muy claramente cuando repasas su obra, a quien tiene entre ceja y ceja constantemente es a la iglesia, que es el poder contra el que arremete continuamente. Berlanga poseía un anticlericalismo latente, en la línea de Blasco Ibáñez, no sé si porque había ido a un colegio de jesuitas, porque su padre era un ateo republicano y probablemente masón (aunque no tengo la constancia) o porque la familia paterna era muy liberal (al contrario que la de la madre, que era católica y conservadora), no sé cuál es el motivo, pero lo que es evidente es que su obra desprende un fortísimo anticlericalismo. Pensemos en los papeles de los curas en sus películas, creo que el único al que presenta amablemente es al de Los jueves, milagro (1957) interpretado por José Luis López Vázquez. El resto, desde Agustín González en La escopeta nacional (1978) y su famoso “lo que yo he unido en la tierra no lo separa ni Dios en el cielo”, hasta el que encarna Santiago Segura en Moros y cristianos (1987), que mata a un árbitro de fútbol, son muy bestias.

Por todo lo que hemos explicado hasta ahora, contradicciones incluidas, Berlanga era una persona muy difícil de ubicar ideológicamente. ¿Cómo lo definiría?

Si tuviéramos que usar sólo una palabra para describirlo, esa sería disidente. Durante el franquismo fue antifranquista y anticlerical y es innegable que fue contra el régimen. Llega la Transición y hace La escopeta nacional en la que reciben todos. Más adelante, La vaquilla (1985) donde no se queda ni en con un bando ni con el otro y rápidamente es acusado de equidistante, cosa que yo no creo, es más, a mí me parece una película magnífica. De hecho, José Sacristán me contó: “al final no le gustó a nadie, eso quiere decir que acertamos”.

Más allá de estas cuestiones, después viene una pregunta que me suelen hacer a menudo: ¿por qué Berlanga tenía tan buena relación con gente del PSOE y del PP? Una de esas personas con las que se llevaba bien es Ricard Pérez Casado (alcalde de Valencia entre 1979 y 1989), que siempre me ha dicho que, “si te fijas, no era una cuestión de partidos ni de ideologías: tenía una relación fatal con Zaplana, en cambio tenía una muy buena con Rita Barberá. Con Joan Lerma no encajaba y conmigo o con Carmen Alborch, se llevaba muy bien”. Esto viene a decir que políticamente era una persona que funcionaba por simpatías personales y no por ideología. Tal vez por ello sea de los pocos valencianos, incluso de los pocos españoles, que han llegado a tener un consenso muy grande hacia su figura. También creo que esto es gracias a que fue disidente contra todo tipo de poder y en cualquier época. Si sumamos que, además, es muy difícil que el espectador no se pueda reconocer en alguno de los personajes que aparecen en su obra, lo tienes todo, esto hace que Berlanga siga siendo un director actual y que su obra esté vigente. Pensemos en Bienvenido Mister Marshall: ¿el personaje que interpreta Manolo Morán -el representante de la artista- no sería hoy un asesor de imagen? ¿El alcalde que encarna José Isbert, salvando ciertas distancias, no podría ser un determinado tipo de alcalde actual? ¿ Y ese delegado del gobierno que llega y confunde constantemente el nombre del pueblo? ¿Todo esto no sigue vigente? De hecho, y no es un tópico, la gran mayoría de sus películas no han envejecido.

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